¿Cómo pensar como Sherlock Holmes? por Jordi Valero

Ésta entrada pertenece a la sección Crossover, sección que persigue tender puentes entre la magia y otras secciones. Puedes leer más sobre esta sección aquí.

¿Cómo pensar como Sherlock Holmes? de Maria Konnikova

como-pensar-como-sherlock-holmes¿Cómo pensar como Sherlock Holmes? es un libro serio que se lee como una novela de aventuras… policiacas.

No resulta novedoso para nadie que el cerebro y la memoria articulan mecanismos para almacenar información y poder recuperarla cuando se precise; así se dispone de un espacio reservado para interacciones inmediatas y otro mayor para búsquedas de hechos anteriores.

O lo que es lo mismo: memoria caché y disco duro; conceptos que empleamos habitualmente en nuestro quehacer informático a nivel doméstico.

Por tanto el soporte está presente y resulta irrelevante, no así en cambio el modo en como clasificamos y archivamos la información. Eso si es determinante no solo para poder recuperarla cuando sea preciso sinó también para buscar interconexiones, como si consultaramos en una base de datos relacional.

Pero en primer lugar está la selección: no todo debe ser guardado ni todo lo guardado debe ocupar el mismo rango de importancia. Y ahí es cuando Sherlock Holmes nos lleva ventaja: ha establecido un método de interacción consciente con el mundo que le permite que al observar ya esté dilucidando la naturaleza del hecho y la conveniencia o no de guardar la información y como hacerlo.

Este método es el que ha de permitir encauzar la atención antes que divague por si misma. El ejemplo más claro lo tendríamos si somos capaces de responder cuantos escalones dispone la escalera que nos permite entrar en nuestro piso, o acceder al trabajo o a la escuela o a la consulta del dentista. La mayoría de nosotros no respondería con acierto, y no será por no haberlas pateado infinidad de veces sino por hacerlo de forma inconsciente. Un hábito mecánico al que no le damos mayor importancia.

Es como conducir con el piloto automático puesto. Al aprender se controla todo pero pronto se pasa del acto meditado y consciente al acto instintivo, pasando de la memoria explícita a la ímplicita. Y puede costar recordar todo lo hecho o lo visto.

En cambio para Holmes todo lo observado, de entrada, tiene importancia y luego ya decidirá, mediante el razonamiento y la deducción, lo que verdaderamente  la tiene y lo que no.

Sherlock Holmes aplica su método para investigar crímenes y descubrir criminales, pero ¿es aplicable a la práctica del ilusionismo?

Al crear un juego, un truco de magia, debemos imaginar el desenlace final y retroceder en su ejecución para poder ir superando los obstaculos que surjan hasta llegar al inicio. O sea: plantear, estructurar y solucionar problemas. Esta es la visión interna del juego, la que tiene el mago.

Pero en su visión externa, la que percibe el público, debemos potenciar la sorpresa y anular el razonamiento. Si no lo conseguimos, su modo de pensar puede llevar a: la observación, la inferencia y la deducción. Que es lo que haría Holmes.

Y concluiría que si la moneda no puede volatilizarse es que algo se ha hecho con ella. Y ya se sabe el axioma del pensamiento holmesiano: Una vez se ha eliminado lo imposible, lo que queda por improbable que parezca ha de ser la verdad.

En la definición de los pasos de un juego se deben poner sobre la mesa todas las alternativas posibles de realización para poder cribar y elegir para cada movimiento la más adecuada, la más limpia, que acostumbra a ser la más simple.

Un juego empieza por un vuelo de la imaginación, pero debe basarse en una realidad objetiva, de la que solo la acumulación de datos puede acotar en algo definido y tangible; para nada ambiguo. Solo su concreción en algo físico lo convertirá en un juego.

Por tanto el primer reto es aprender a superar la duda imaginativa. Y para eso hay que observar y dedicar tiempo a considerar posibilidades y conocer otros puntos de vista que permita colocar los elementos en el contexto adecuado y la secuencia de movimientos estructurada logicamente. Y al lograrlo, nada de caer en la autocomplacencia y si en cambio en desafiar nuevos retos.

Y recuerden que en la versión original de los textos en inglés Holmes nunca dijo aquello de Elemental, querido Watson, y sin embargo ha arraigado en el insconciente colectivo hasta tal punto que se ha convertido en verdad. No hay mejor aplauso para un mago que oir decir a alguien del público que vió lo que nunca existió. Es el llamado efecto de desinformación que hace que información falsa la recordemos como verdadera.

La memoria es imperfecta, voluble al tiempo y a las influencias, y por tanto el recuerdo puede acabar siendo algo más parecido a lo inducido por los hechos que al registro de lo realmente ocurrido: en la secuencia mental vemos y oímos el golpe y la caida de la moneda en el vaso a través de la mesa; en realidad los fotogramas muestran el golpe y la moneda en el vaso, la caida a travès de la mesa no ha sido filmada. La hemos deducido y asumido como vista.

Esta es la virtud de la magia!

¿Hubiera sido un gran mago Sherlock Holmes?

 

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