Mario y el mago por Jordi Valero

Ésta entrada pertenece a la sección Crossover, sección que persigue tender puentes entre la magia y otras secciones. Puedes leer más sobre esta sección aquí.

Repite Jordi Valero de interrobang, a quien voy a tener que invitarle a una cena si continúa con tantas ganas de mostrarnos los puntos en común entre novelas y el arte de la magia.

mario y el magoMario y el mago de Thomas Mann

Thomas Mann, genial escritor alemán de entreguerras es un hábil prosista que utiliza sus habilidades para diseccionar las costumbres, hábitos y pensamientos de la sociedad bien estante de la época y que se traduce en una obra narrativa prolífica y brillante.

En la novela corta Mario y el mago, desnuda y expone sin ningún pudor ni rubor las miserias y los prejuicios de los que tienen dinero y poder pero les critica que tengan tan poco entendimiento y cultura. Y la figura de un mago le sirve para parodiar el totalitarismo representado por Mussolini como Chaplin hiciera con Hitler en El gran dictador.

La acción transcurre en Torre di Venere ficticio lugar de moda italiano donde una familia, turista y extranjera, ha elegido para pasar unos días en una zona de balneario junto al Mar Tirreno.

Mann va desgranando tópicos y va tendiendo trapos al sol dejando a la luz de quien quiera ver los inconvenientes, eufemismo de peligros, de una población necesitada de turismo pero xenófoba.

Como ya hiciera en su impagable Muerte en Venecia, los personajes están encorsetados por los rigurosos principios morales y no ven más allá de lo que les permite las normas regentes para actos públicos del manual de buena urbanidad y de ahí a escandalizarse por bien poco, no hay ni un suspiro.

Así la familia, que a su llegada se instala en el Grand Hotel, pronto se ve envuelta en esa espiral de rechazo sin acabar de entender el porque son merecedores de tanta atención. Y la narración en primera persona acentúa ese desconcierto.

Y llega la gran noche en la que asisten al espectáculo del Cavaliere Cipola. Un artista prestidigitador, ilusionista, hipnotizador y adivinador. Un genio de la magia y de la cartomagia.

Y aquí Mann luce todo su arte para, en un amago de cinismo, presentar un personaje que en el escenario es el rey. La capa esconde un físico deformado, que acentúa su comportamiento despótico, veleidoso y cruel. Il Cavalieri Cipola conduce la actuación como un desfile militar y juega caprichosamente con el público, sumiso y sojuzgado por la oscuridad y clima de misterio que suponen ese tipo de actuaciones, pero se demuestra incapaz de dirigir su propio destino.

La moraleja, para los aficionados al arte mágico, de esta brevísima pero intensa novela es que mientras el público sea un colectivo anónimo puede ser fácilmente conducido sin perder la elegancia y el respeto, pero cuando se elige a un espectador, ese ser único, las condiciones del trato deben adaptarse a la nueva situación y ni la sensación de hacer el ridículo ni de ser sometido a burla pueden asomar siquiera ni por un nanosegundo, para al final nadie pueda preguntarse: ¿era este el verdadero final?

Aquí su lectura.

Existe, aunque no la he visto, una versión cinematográfica de 1994 dirigida por Klaus Marie Brandauer titulada ’Mario und der Zauberer’

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