The Wizard of gore por Jordi Valero

Ésta entrada pertenece a la sección Crossover, sección que persigue tender puentes entre la magia y otras secciones. Puedes leer más sobre esta sección aquí.

Esta reseña se publica conjuntamente en el blog Interrobang, en un entente para favorecer la divulgación de la cultura y tender puentes entre la magia y otras secciones.

The Wizard of gore, El mago del horror, de Jeremy Kasten

Caratula del film¿Y si el truco fuese el mago?

La actuación de un mago en un número de grandes efectos de escenario ha de estar perfectamente planificada, tanto en su parte mecánica, de gestos y movimientos, como en su parte comunicacional, con una oratoria comprensible y convincente.

Todo con un solo objetivo: provocar un nivel de tensión in crescendo y facilitar al espectador las claves para que suponga que sabe lo que va a pasar, buscando su complicidad, dándole pábulo a creer que es más listo que el mago, para luego sorprenderlo con un giro que no espera y aprovechar ese momento de desconcierto para aparentar un fallo, ser sorprendido en un renuncio, que de nuevo suba el ego del espectador para terminar hundiendo sus mermadas barreras de resistencia con un final apoteósico y, aparentemente, imposible e inexplicable.

El espectador viaja en una montaña rusa de sensaciones contradictorias que le mantienen atado a la silla sin parpadear y casi sin respirar porque no quiere perderse nada de lo que está ocurriendo. Y porque necesita comprender aunque sepa que no lo conseguirá.

Montag el Magnífico es el mago protagonista de este film. Un psycothriller, The Wizard of gore, El mago del horror, que sigue el manual a la perfección y provoca al público hasta más allá de lo que permite el buen gusto.

Ofrece un espectáculo de sangre y vísceras, una performance gore que no puede dejar indiferente y en cada actuación cosecha gritos de horror y pánico y gritos de entusiasmo y celebración a partes iguales de un público asqueado y maravillado también a partes iguales.

“Una de las muchas bellezas de la magia es que la ilusión puede comenzar mucho antes de que la audiencia sepa que va a ser engañada”

The Wizard of Gore, film de 2007 absolutamente gore, como su titulo explicita, y de serie B, dirigido por Jeremy Kasten e interpretado por Edmund Ed Bigelow (Kip Pardue), su novia Maggie (Bijou Phillips) y Montag el Magnífico (Crispin Glover) es un remake del film del mismo título de 1970 dirigido por Herschell Gordon Lewis, mucho más oscuro y siniestro que su antecesor y que no deja indiferente si se consigue aguantar hasta el final.

El inicio del film es ya un claro anticipo de lo que presagia, y a medida en que como espectadores de la película consigamos trascender a espectadores del espectáculo de magia viviremos en primera persona la sensación de ser una suicide girl (chicas jóvenes y guapas elegidas al azar entre el público por Montag el Magnífico para ser víctimas, más que colaboradoras, de sus tejemanejes vejatorios y trucos de ilusionismo, psicodelia e hipnosis) con toda la carga de sensualidad, sexualidad y horror que atesora.

La aparición de cadáveres va a propiciar que Ed Bigelow investigue la posible relación entre los asesinatos imaginarios del espectáculo de magia y los asesinatos reales.

En ese punto la película adquiere tintes de novela negra y la investigación de Ed traspasa el concepto de obsesión al desplazar cualquier atisbo de vida cotidiana para entregarse en cuerpo y alma a descubrir quien está detrás de los asesinatos sin ser consciente que está mezclando realidad y fantasía y que el precio puede suponer perder la razón.

Film turbulento de interesante guión y factura y buena interpretación que destila momentos brillantes sobre todo conseguidos con un ambiente de confusión visual (hay mucho movimiento de cámara y asiduo empleo de ángulos bajos y oblicuos) y auditiva (mucho ruido de fondo para aprovechar al máximo las distorsiones del efecto Doppler) para provocar un efecto de irrealidad y ensueño con el que se pretende, y consigue, favorecer la transición de espectador externo (del film) a espectador interno (del espectáculo), como comentábamos anteriormente.

Una experiencia que acaba confundiendo al espectador por no poder delimitar lo que es truco y lo que no, en todo el film. El mago finge, el espectador puede creer sus mentiras y la complicidad admitida de engaño transforma delirios en realidades.

¿Y si el mago fuese el truco?

 

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